Perro Caniche

El caniche o poodle tiene sus raíces en el Siglo XV, cuando se consideraba una mascota que mostraba el alto estatus social de sus aristocráticos y nobles amos. Su principal característica es un pelaje lanoso y rizado, tanto en las variedades gigante, como mediano, enano, miniatura o toy.

Desde los orígenes de la raza, en la Edad Media, éstos eran perros de caza, usados para cobrar aves como el pato o el ganso, que solían caer en el agua o en cenagales, de modo que sólo este animal, por su capacidad de adaptarse a tales terrenos era capaz de traérselos al amo.

Un perro bello, inteligente y aristocrático

Del Renacimiento en adelante, empezaron a ganar reconocimiento por su belleza y por su inteligencia, de modo que se los empleó en espectáculos de circo y salieron retratados en buena cantidad de obras de arte. El propio rey Luis XVI de Francia vio como su corte se llenaba de ellos.

Pero las modas son modas, de tal forma que en el siglo XIX e empezó a despreciar la función protectora del pelaje y comenzaron a recortar y peinar al caniche de mil y una formas estrafalarias. Ya a principios del siglo pasado, se recuperó la función de marcador de estatus de sus dueños y a últimos de éste surgía una raza híbrida, el labrapoodle, cruce entre Labrador y caniche.

Se trata de unos perros muy alegres y activos, aunque, no por acticos son menos atentos durante su adiestramiento. Antes bien, están predispuestos a él, de forma atenta y voluntariosa. Quien ha disfrutado de un caniche puede dar buena fe de ello.

Podría pensarse que, dados sus orígenes como perro de caza, el caniche se va a adaptar mal a los espacios cerrados de un piso en la ciudad. Y no es así, para empezar porque la función de cazador queda muy atrás en el tiempo y, además, se trata de un perro, por su inteligencia y voluntad, capaz de adaptarse a cualquier lugar.

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