Bichón frisé

Este perrito es el paradigma de la belleza y la gracia. De tamaño minúsculo, la raza no debe pasar de los treinta centímetros de altura en la cruz y ha de pesar entre tres y cinco kilos. Tienen el pelo totalmente blanco  la trufa negra.

Los genes de esta raza hunden sus raíces en la Edad Media, alrededor del sigo XV. Según cuentan las crónicas de la época, marineros franceses y belgas llevaron a sus respectivos países algunos perros originarios de las Islas Canarias cuyos cruces dieron lugar al bichón.

El perro de la alta sociedad

A partir del sigo XVI, el bichón frisé se convirtió en uno de los favoritos de la alta sociedad en Francia y en España. Es más, ya en el siglo XVII y XIX, Goya los retrató en algunos de sus cuadros. La raza adopta su nombre definitivo en 1833. Un nombre que por cierto, podría traducirse del francés como “perro faldero”.

El carácter de esta raza es de un perro alegre, vivaz. Son muy inteligentes: tanto que su entrenamiento es muy fácil y se convierten, por eso mismo, en muy buenos animales de compañía. A pesar de la expresión alerta de sus ojos oscuros, son muy buenos y pacientes compañeros de juego de los niños.

Una salud buena, aunque con algunas complicaciones

El bichón fisé no suele ser un perro que presente problemas de salud propios de la raza, aunque ésta si muestra algunas debilidades, como la tendencia a tener las rótulas un tanto débiles, problema que se puede corregir mediante la selección genética, al igual que el de las cataratas juveniles.

También debemos recordar que los perros así de pequeños tienden a presentar cálculos en la vejiga, por lo que es muy importante vigilar su dieta, sacarlo a pasear con frecuencia y jugar mucho con él para que haga ejercicio. Por lo demás, es raro que sufran de ningún mal preocupante.

 

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